Paloma Valencia y la crisis del Centro Democrático: tensiones, rupturas y silencios incómodos

El uribismo, durante años una de las fuerzas políticas más cohesionadas de Colombia, atraviesa hoy una de sus crisis más profundas. Y en el centro de esa fractura aparece un nombre que, lejos de consolidar unidad, ha terminado evidenciando las tensiones internas: Paloma Valencia.

La candidata del Centro Democrático no solo enfrenta el reto de posicionarse electoralmente. Carga, además, con un escenario político marcado por disputas internas, cuestionamientos al proceso que la llevó a la candidatura y una guerra abierta —aunque a veces silenciosa— dentro de la derecha colombiana.

El conflicto no es superficial. Es estructural.

Las grietas comenzaron a hacerse visibles con el choque entre las campañas de Valencia y Abelardo de la Espriella, un enfrentamiento que rápidamente escaló más allá de los candidatos y terminó involucrando a figuras clave del uribismo, incluyendo al propio Álvaro Uribe, quien ha optado por el silencio en medio del “fuego amigo”

Ese silencio no es casual. Es estratégico. Pero también es sintomático.

Porque detrás de él hay un hecho evidente: el uribismo ya no es un bloque homogéneo.

Las críticas más duras no han venido desde afuera, sino desde dentro. Enrique Gómez, aliado de De la Espriella, rompió el equilibrio al cuestionar abiertamente no solo a Valencia, sino al propio Uribe, planteando un escenario que incomoda al corazón del movimiento: “¿10 o 20 años más de lo mismo?”. La reacción fue inmediata. Los hijos del expresidente y figuras del Centro Democrático respondieron con dureza, evidenciando que la disputa ya no es ideológica, sino de poder.

Y en ese escenario, Paloma Valencia queda expuesta. No como líder indiscutida, sino como figura en disputa.

Las tensiones también tienen un origen interno más profundo. Dentro del Centro Democrático, la forma en que se definió su candidatura ha sido cuestionada por sectores relevantes del partido. Denuncias de irregularidades, falta de transparencia y ruptura de principios han llevado incluso a plantear divisiones formales dentro de la colectividad

El mensaje es claro: no todos en el uribismo están alineados con su liderazgo.

A esto se suma un problema estructural aún más complejo: la dificultad histórica de Álvaro Uribe para consolidar un heredero político estable.

La historia reciente del movimiento está marcada por intentos fallidos. Desde Juan Manuel Santos, que terminó rompiendo con su mentor, hasta Iván Duque, cuya gestión dejó profundas decepciones dentro del partido, el uribismo ha demostrado una incapacidad recurrente para transferir su capital político de manera efectiva.

Paloma Valencia aparece, entonces, como el nuevo intento.

Pero también como un riesgo.

Las cifras refuerzan esa percepción. Aunque logra posicionarse dentro de la consulta de la derecha, su respaldo en la contienda general sigue siendo limitado, lo que abre un escenario incómodo: un posible desplazamiento del uribismo en la primera vuelta y la necesidad de alinearse, nuevamente, con otras figuras del mismo espectro político.

En ese contexto, la tensión no es solo con adversarios externos, sino con aliados potenciales.

La disputa con De la Espriella no es anecdótica. Es la expresión de una lucha por el liderazgo de la derecha, donde el uribismo tradicional se enfrenta a nuevas corrientes que cuestionan su vigencia y su capacidad de representar el futuro político del país.

Y en medio de esa disputa, Paloma Valencia enfrenta una doble carga: ser candidata y, al mismo tiempo, intentar sostener un proyecto político que muestra signos evidentes de desgaste.

El problema es que su candidatura no ha logrado convertirse en un punto de convergencia.

Por el contrario, ha profundizado las divisiones.

Mientras el discurso oficial habla de unidad frente a la izquierda, la realidad interna muestra un escenario fragmentado, con sectores que incluso contemplan respaldos alternativos en primera vuelta y una eventual recomposición en segunda.

La pregunta de fondo ya no es si el uribismo puede ganar. Es si puede mantenerse unido. Y en esa respuesta, el rol de Paloma Valencia resulta determinante. Porque su candidatura ya no solo tendría muchos problemas para ganar una elección sino que podría enterrar el futuro de un movimiento político que, por primera vez en años, parece enfrentarse a sí mismo.

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